Las empresas no fracasan por lo que no saben, sino por cómo piensan

 

Con el solo hecho de existir en la Tierra y llevar una vida “común y corriente”, como nos gusta llamarla, estamos expuestos a diferentes amenazas a nuestro alrededor. Al caminar por la calle, mientras vamos al comercio a dos cuadras de nuestra casa, son inciertos todos los eventos que pueden ocurrir. Si el día tiene algunas nubes y el pronóstico indica que se avecinan fuertes lluvias, no sabemos el momento exacto en el que puedan presentarse. Puede que se mantenga así durante todo el día y nunca llueva, o puede que, justo en ese instante en que salimos de nuestra casa, se desaten lluvias intensas que nos obliguen a resguardarnos en el lugar más cercano.

Por naturaleza humana, nuestra primera reacción será correr hacia alguna dirección y, en nuestro afán por no mojarnos completamente la ropa y nuestras pertenencias, nos enfocamos en un solo objetivo, dejando de prestar atención a muchos elementos del entorno.

Podemos cruzar la calle rápidamente, exponiéndonos al peligro de que otra persona, conduciendo un vehículo con la misma prisa, pueda causarnos lesiones personales. O podemos correr por la acera sin fijarnos en los elementos del entorno, lo que aumenta la probabilidad de tropezar, caer y afectar nuestra salud, pudiendo generar una incapacidad o incluso la muerte en el peor de los casos. Si no me cree, por favor revise los capítulos del programa 1000 maneras de morir, para entender que siempre, incluso en la situación más improbable, existe el riesgo de perder la vida por una decisión humana con falta de visión.

La situación que acabo de describir no es ajena a ninguno de los seres humanos que habitamos en este planeta, o al menos en un país del trópico como Colombia. Su probabilidad de ocurrencia es tal que muchas personas, lamentablemente, han materializado estos riesgos a través de los daños causados en dichas situaciones. Por estas razones, y entendiendo la probabilidad de que este tipo de eventos ocurra, sumado a las condiciones propias de la naturaleza humana, las compañías de seguros diseñan productos como pólizas de accidentes personales y seguros de vida.

No quisiera centrar mi atención únicamente en el riesgo unipersonal o familiar, que en mi opinión es una representación exacta de lo que ocurre a mayor escala. Más bien, quisiera enfocarme en las organizaciones que hacen parte del tejido empresarial del país, debido al impacto que tienen precisamente en esa escala. Estas son el motor de crecimiento de la economía, generan empleo, aportan al PIB y tienen múltiples impactos, incluso a nivel cultural.

Hay un artículo muy interesante del académico y experto en riesgos Lorenzo Preve, donde analiza cómo, a lo largo de la historia, han existido empresas muy exitosas que, en un momento determinante, han ido a la quiebra por no prever correctamente los riesgos, especialmente aquellos de muy baja probabilidad de ocurrencia pero de altísimo impacto. Ejemplos de esto son los cambios generacionales y las nuevas formas de consumo de contenido por parte de los usuarios, como ocurrió en casos como Nokia, Kodak y Blockbuster. Estas empresas, en su momento de mayor éxito, consideraban improbable que ocurrieran cambios de mercado que finalmente las dejaron fuera de competencia.

A esto es a lo que el autor se refiere con el concepto de “cisnes negros”, tomado del libro El cisne negro de Nassim N. Taleb. Este tipo de riesgos suelen considerarse muy difíciles de pronosticar; sin embargo, en realidad siempre hubo indicios que sugerían que estos eventos no eran tan aleatorios como se pensaba. Los avances tecnológicos y la información han estado disponibles desde hace mucho tiempo, lo que indica que no se trataba de eventos imprevisibles, sino de un mal manejo del riesgo. De hecho, al analizarlos en retrospectiva, parecen eventos que sí pudieron haberse anticipado (Preve, 2014).

¿Y si los grandes fracasos empresariales no fueran eventos inesperados, sino información y decisiones ignoradas, justificadas desde la razón?

Como lo expresó el autor en su artículo, cito textual:
“El tercer atributo de los cisnes negros dice que, una vez ocurrieron, mirando hacia atrás somos capaces de ver signos que nos hubieran ayudado a predecirlos. Claro, la tecnología no nació de repente sin previo aviso; se gestó durante una gran cantidad de tiempo. Muchas personas trabajaron para que fuera posible, se perfeccionara y se expandiera. Mientras tanto, los directivos de las empresas que iban a ser afectadas por este cambio tecnológico mantenían los ojos cerrados” (Preve, 2014).

Mantener “los ojos cerrados”, en su significado literal, es no ver u observar. En este caso, el autor lo plantea desde un punto presente: no observar realmente lo que estaba sucediendo a su alrededor o, al menos, una parte de la realidad. A esto quisiera denominarlo miopía selectiva.

Los directivos de estas empresas eran personas brillantes y altamente racionales, que tomaban decisiones basadas en datos, tendencias y estadísticas para llevar a sus organizaciones a altos niveles de productividad. Muchas de ellas llegaron a ser líderes de mercado bajo este enfoque, lo cual no se puede desconocer.

Sin embargo, al hablar de “miopía selectiva”, hago referencia a que estos directivos decidieron ver solo una parte de la realidad y, peor aún, convencerse de ella. Este sesgo estaba influenciado por su éxito actual y, en términos más profundos, por su ego. Argumentaban sus decisiones desde la razón, respaldándolas con datos y hechos, pero ignorando su intuición u otras disciplinas del conocimiento, debido a que estas no son ampliamente aceptadas en el mundo corporativo por carecer de soporte científico (estadístico-matemático).

Hay una hipótesis importante que me gustaría plantear para seguir desarrollando esta idea y buscar soluciones hacia adelante: la similitud que existe entre una persona como “empresa unipersonal”, un hogar o familia como una “empresa familiar” y una corporación que produce bienes o servicios, es decir, lo que comúnmente llamamos “empresa” (grande, mediana, pequeña o micro). En los tres casos se comparten principios similares.

Los tres requieren recursos financieros para operar (ingresos), cuentan con áreas de operación que deben ser gestionadas por personas, buscan optimizar procesos, capacitar a sus integrantes para mejorar su desempeño y productividad, y, por supuesto, cumplen con obligaciones como el pago de impuestos. Además, en todos los casos existe una visión que permite determinar si han sido prósperos o no: en el caso de la persona, el cumplimiento de sus metas personales; en la familia, sus objetivos como núcleo; y en la empresa, sus resultados organizacionales.

En ese orden de ideas, invito al lector a observar estas tres “instituciones” o “empresas”, centrando su atención en la persona. El individuo, como empresa unipersonal, enfrenta a lo largo de su vida múltiples decisiones que determinan su evolución. Históricamente, el ser humano ha entendido que para gestionar su vida no basta únicamente con la formación académica, sino que también ha explorado otros campos de conocimiento más intuitivos para comprender su existencia.

De no ser así, no existirían ni se discutirían conocimientos como la astrología, la mística judía o las leyes herméticas, entre otros. Estas corrientes buscan ordenar internamente al ser humano desde un conocimiento intuitivo, ayudándolo a encontrar respuestas que no logra desde la razón. Incluso, la ciencia ha comenzado a abordar estos fenómenos bajo conceptos como la conciencia no local o supraconciencia (Sans Cegarra, 2025).

Si revisamos la historia, encontramos que figuras como J.P. Morgan, el príncipe de Gales, Mary Garden o Enrico Caruso reconocieron el uso de la astrología como herramienta en la toma de decisiones. La astróloga Evangeline Adams, una de las más relevantes de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, no solo asesoró a estas figuras, sino que también elaboró boletines de previsión financiera. En 1914, fue absuelta en un juicio en Nueva York, donde un juez afirmó:
“La acusada eleva la astrología a la dignidad de una ciencia exacta” (Estandella, 2022, pp. 134-135).

Lo anterior se expone con el fin de ilustrar la importancia de observar las organizaciones como sistemas integrales. Las grandes corporaciones son una réplica a escala de las empresas unipersonales y familiares, especialmente si consideramos que son administradas por personas: las mismas que toman decisiones para sostener su vida, su familia y su organización.

Somos personas haciendo negocios con personas, trabajando con personas y generando impacto en la sociedad, que en última instancia es la empresa más grande de la que todos hacemos parte: un país.

 

Cisnes negros, ¿falta de información o de visión?

Los llamados “cisnes negros” en las empresas no son eventos impredecibles, sino la consecuencia de sistemas de decisión con baja capacidad de visión, originada en la falta de diversidad cognitiva y en modelos de pensamiento lineales dentro de las organizaciones.

La visión cortoplacista de muchas empresas explica las altas tasas de mortalidad empresarial. Ejemplos como Netflix y Blockbuster muestran que los cambios estructurales no ocurren de un día para otro. Blockbuster fue líder en 1990; en 1997 nació Netflix como servicio de DVD por correo; en 2007 lanzó su plataforma de streaming; y en 2010 Blockbuster se declaró en bancarrota. Este proceso se desarrolló durante más de 20 años, lo que evidencia que la planeación a corto y mediano plazo puede ser insuficiente.

Confecámaras (2017, p. 7) señala que el sector en el que opera una empresa es determinante para su supervivencia, siendo más probable que sobrevivan aquellas en sectores con mayor crecimiento.

Ahora bien, respecto a la diversidad cognitiva, los equipos directivos suelen estar conformados por perfiles homogéneos con pensamiento lógico y lineal. Sin embargo, incorporar profesionales con pensamiento lateral —como marketing, diseño, tecnología, arte o psicología— permite ampliar la visión, generar soluciones creativas y anticipar mejor los cambios.

Incluso disciplinas como la filosofía, la sociología y la historia aportan una comprensión más profunda del comportamiento humano y sus consecuencias en el tiempo.

Las consecuencias de los “cisnes negros” no tienen un origen técnico, sino humano. Aunque no siempre podamos predecir eventos con exactitud, sí podemos anticiparlos mediante una visión más amplia y la implementación de planes de acción frente a escenarios probables. En términos simples, se trata de tener planes alternativos (del plan B al plan Z) ante posibles fallas del plan inicial.

Conclusión

El riesgo no es un concepto exclusivo del mundo empresarial o financiero; es inherente a la vida misma y a todas las estructuras que el ser humano construye: su vida personal, su familia y sus empresas.

El problema no radica en la falta de herramientas o información, sino en la forma en que las personas gestionan el riesgo en su propia vida. Esta misma lógica se replica en las organizaciones, generando decisiones tardías, señales ignoradas y una falsa sensación de control.

Por ello, la sostenibilidad de cualquier sistema depende de la capacidad de anticipar, comprender y gestionar el riesgo de manera consciente.

Porque, al final,
los cisnes negros no aparecen de la nada… aparecen cuando decidimos no ver.

Referencias

(Confecámaras, 2017, p. 7) Informe: “Determinantes de la supervivencia empresarial en Colombia”.
https://confecamaras.org.co/wp-content/uploads/2024/01/cuaderno-de-analisis-economico-n-14.pdf

(Estandella, 2022, pp. 134-135). Libro: Astrología: historia, fundamentos, astrólogos célebres, predicciones y futuro de una disciplina tan antigua como sorprendente.

(Preve, 2014). “Con los ojos cerrados todos los cisnes son negros”.
https://lorenzopreve.com/con-los-ojos-cerrados-todos-los-cisnes-son-negros/

(Sans Cegarra, 2025). Libro: La supraconciencia: nuestra realidad existencial.
https://raed.academy/wp-content/uploads/2025/05/La-supraconciencia-nuestra-realidad-existencial-por-Manuel-Sans-Segarra.pdf

(Universidad Europea, 2023). Blog: ¿Qué es el pensamiento lateral y para qué sirve?
https://universidadeuropea.com/blog/pensamiento-lateral/

Luisa Fernanda Arenas Osorio

23 de Marzo 2023

Scroll to Top